Un nuevo 25 de mayo
Es tradición encabezar las palabras en estos actos a las autoridades del gobierno argentino, educativas, invitados especiales, Comisión directiva, etc.
Yo quiero en esta fecha patria, con todo el respeto que se merecen dichas figuras, y el honor que significa para mí haber sido elegido para hablar hoy, dirigirme, si Uds. me lo permiten, a los miembros más importantes de esta escuela. A aquellos que son la razón de ser de la misma y sin los cuales no estaríamos nosotros aquí hoy: me refiero, por supuesto, a los alumnos.
Si, a ustedes, que, desde chiquitos concurren a esta escuela todos los sábados, para hablar de una patria para ustedes lejana, a veces el lugar donde van de vacaciones cada tanto, que quizás fue la tierra de sus padres o abuelos o donde viven familiares más o menos cercanos.
A ustedes que han asistido, año tras año, a la celebración del 25 de Mayo, en conmemoración de las Jornadas de 1810.
Esas jornadas que, aún para los estudiantes que viven y estudian en Argentina, les cuesta entender de qué se trata, de la misma manera que le sucedía al pueblo aquella lluviosa mañana del primer 25 de mayo argentino. Lo mismo nos ocurría a muchos de los que estamos aquí, en aquellos días de nuestra niñez donde esa fecha no era un feriado. Era el Día de la Patria. Había que vestirse con las mejores prendas e ir al acto de la escuela, cantar el Himno Nacional, asistir a las representaciones, y terminar con lo que se daba en llamar Chocolate Patriótico. Nadie pensaba que era un día para quedarse en casa o irse a pasar afuera. Estoy seguro que muchos de los adultos que me oyen se identificarán con lo que estoy diciendo.
Así es que, si hoy le preguntamos al hombre o mujer común de qué se trata el 25 de mayo, o no sabe la respuesta, o contesta, erróneamente, el Día de la Independencia, a lo que inmediatamente corregimos: “no, el Primer Gobierno Patrio” Ahora, pregunto yo, es errónea la respuesta? Acaso no fuimos independientes desde ese momento? No nos gobernamos nosotros mismos, sin rendirle cuentas a nadie, desde esa fecha hace 199 años? No se llama a eso independencia, aún cuando se haya firmado, oficialmente, seis años más tarde?
Pero el punto que quiero que reflexionemos juntos hoy es que una patria no se hace en una jornada, por histórica que esta sea. Los hombres de 1810, no sabían exactamente qué querían. No se ponían de acuerdo si querían un gobierno criollo, o un gobierno indígena, o continuar con la dinastía española instalada en América. Menos aún sabían si triunfarían, si salvarían su pellejo, o si la gente los apoyaría.
De lo que sí estaban seguros es de lo que NO Querían. Y no querían que les viniesen a imponer un gobierno que no fuese elegido por ellos. Que les impartiesen órdenes de una tierra lejana en nombre de un monarca que consideraba a sus colonias como algo para servir a sus fines personales. En otras palabras, los patriotas buscaban Dignidad. Para ellos, para los vecinos que dicen gritaban afuera queriendo saber de qué se trataba, y para toda esa extenso territorio que se extendía mas allá de la planicie, cuyos hombres y mujeres regaban esta tierra con su sudor y su sangre desde hacía casi 250. Y para eso se jugaron. Se jugaron algunos la vida, otros un pasar acomodado, otros tuvieron que irse al exilio, pero todos ellos sembraron. Sembraron esa semilla de libertad, de autodeterminación, de rebeldía ante las injusticias de los que ostentan un poder ilegítimo, como ya consideraban al español, desde 1806 en adelante.
No fue el final de la historia ese 25 de mayo. Fue el comienzo. En estos 199 años que siguieron, hubo guerras civiles, derramamiento de sangre, exiliados, amores y rencores. Hemos aprendido y desaprendido y vuelto a aprender Nos hemos equivocado varias veces y encontrado el camino otras tantas, nos hemos peleado y nos hemos reconciliado. Y Mayo siempre ha sido, y continuará siendo, la llama, a veces débil, otras intensa, que nos ha alumbrado para que encontremos nuestro camino.
Y de esa forma, chicos, es como se hace un país. Con aciertos, con errores y tratando de aprender de estos y de aquellos. Y ese es el camino que iniciaron los hombres de 1810. Comenzaron a forjar un país, a tratar de darle forma, de que nazca una república. Y vaya si lo han logrado. Somos un país en constante búsqueda, en continuas contradicciones como la de 1810, que hablaba de Gobierno Patrio pero no de independencia.
Y sin ninguna duda, han logrado darnos una identidad. Darnos una patria y un pueblo con los cuales identificarnos. Y les voy a contar porqué. Si ustedes reflexionan, hoy, a 199 años, a mas de 10.000 kilómetros, un grupo de niños y jóvenes están aquí un sábado, conmemorando ese nacimiento de una Patria lejana, a la que conocen poco, con su bandera presidiendo este acto, y todo porque un grupo de adultos, sus padres, que por distintas circunstancias se alejaron de su tierra natal pero que lo que sienten por ella hace que, pongan cada sábado su corazón en su lugar y lo compartan con sus hijos.
Por eso les voy a pedir, y ahora si, para este pedido, me dirijo al señor Agregado Cultural don Conrado Solari Irigoyen, señores representantes de las Fuerzas Armadas, señores miembros de la Junta Directiva, la señora Directora, señora Vicedirectora, al personal no docente, invitados especiales, mis colegas docentes, padres y alumnos, y amigos de la Escuela Argentina, a que nos unamos todos en pronunciar las palabras que nos salen en esta ocasión
: “Viva la Patria”.
